En el mundo del deporte, la excelencia a menudo se premia con medallas de oro, multitudes rugientes e hitos históricos. Sin embargo, cuando atletas negros como Simone Biles exhiben esa excelencia, la recompensa a veces viene con preguntas e incluso llamados a cambiar las reglas. Tras su sexta victoria en el Campeonato Mundial, Valentina Rodionenko, la entrenadora nacional de gimnasia de Rusia, expresó insatisfacción, afirmando que el estilo de Biles carecía de “estética” y estaba puramente enfocado en la “dificultad”.
Russia’s National Gymnastics coach wants rules changed after Simone Biles wins the World Championships for the 6th time. She said Simone “had no great performance, only difficulty.” pic.twitter.com/T2XZHlCJiv
— James Jones (@jamesjonesesq) October 10, 2023
El Problema de la “Matemática Caucásica”
Lo que Rodionenko se refiere como una cuestión de preferencia estética podría verse como un ejemplo de lo que algunos llaman “Matemática Caucásica”: la práctica de alterar las reglas o criterios cuando individuos negros sobresalen, para preservar el statu quo. Biles, quien tiene seis movimientos gimnásticos nombrados después de ella debido a su complejidad, parece amenazar este statu quo. En lugar de alentar a otros gimnastas a “esforzarse más”, el diálogo se convierte en cambiar las reglas para hacerlo más fácil para otros ganar.
Cabe mencionar que Rusia, representada por Rodionenko, ha tenido su propia cuota de controversias, con numerosos escándalos de dopaje que llevaron a la prohibición constante del país de los Juegos Olímpicos. El enfoque, entonces, podría necesitar ser interno en lugar de criticar los fenomenales éxitos de atletas como Biles.
Un Vistazo Atrás en la Historia
Este no es un fenómeno nuevo. A principios del siglo XX, Jack Johnson, el primer campeón de boxeo pesado afroamericano, enfrentó una tremenda reacción negativa por su destreza en el ring. Legislación como el Acta Mann fue utilizada en su contra, llevándolo a prisión. Del mismo modo, la “Barrera de Gibson” impidió que Althea Gibson compitiera en torneos de tenis profesionales hasta que se rompió en 1950. En ambos casos, los éxitos de los atletas se encontraron con intentos sistémicos de contenerlos.
En el tenis, Serena Williams ha enfrentado una aplicación más estricta de las reglas, como violaciones del tiempo entre puntos, que afectan desproporcionadamente su estilo de juego. Las carreras récord mundial de Florence Griffith-Joyner provocaron un mayor escrutinio sobre los uniformes atléticos, y la gimnasta Simone Biles vio su movimiento firma “Biles II” subvaluado por la Federación Internacional de Gimnasia, planteando preguntas sobre el sesgo sistémico. Si bien no se hicieron cambios formales en las reglas para limitar las zapatillas de correr de Usain Bolt o el desvío de quarterback de Michael Vick, las discusiones sobre tales cambios fueron reveladoras. Incluso Kareem Abdul-Jabbar enfrentó una prohibición de encestar durante su carrera universitaria, una regla luego derogada pero indicativa de cómo los órganos de gobierno pueden alterar el paisaje para contrarrestar la influencia de un solo jugador. Estos ejemplos apuntan colectivamente a un patrón inquietante: cuando los atletas negros sobresalen, a menudo se redefine los límites del juego, cuestionando la equidad de los mismos sistemas que proclaman celebrar la excelencia.
Pensamientos Finales
A medida que Simone Biles continúa empujando los límites de lo que es posible en la gimnasia, también desafía las normas sociales sobre quién tiene derecho a la excelencia y cómo se recibe esa excelencia. El llamado a cambiar las reglas cuando los atletas negros sobresalen no es solo sobre deportes; es un espejo que refleja problemas sistémicos que aún requieren atención y cambio. Es hora de que celebremos la excelencia por lo que es, en lugar de
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