La Fachada de la Abogacía: La postura contradictoria de Rios

Elena Ríos, una vez fue aclamada como defensora de causas progresistas, ahora queda expuesta como una figura que encarna la hipocresía y el engaño en la esfera del activismo. Su asociación con Poder Prieto, inicialmente percibida como un compromiso genuino en la lucha contra el racismo, se a desmoronado como una fachada fríamente calculada. Las actividades de Ríos en las redes sociales, incluido el gusto por comentarios racistas, contradicen rotundamente los principios que ella defendió públicamente. Además, sus propias declaraciones ambiguas sobre ser “morena” sólo nublan aún más su postura sobre cuestiones raciales.

Una agenda de autoservicio: La narrativa falsa de apoyo 

Ríos, quien una vez recibió apoyo incondicional de su ex pareja sentimental, el actor y activista Tenoch Huerta, por sus causas feministas y su caso de ataque con ácido, ha mostrado una flagrante inconsistencia en su compromiso con Activismo interseccional. A pesar del respaldo inquebrantable de Huerta, la participación de Elena en los esfuerzos contra el racismo, una causa profundamente importante para Huerta, parecía superficial y auto-promocional.

Para agravar esto, el comportamiento de Ríos a menudo contradice los principios feministas, su forma de infligir “body shaming” o vergüenza corporal y atacar la sexualidad de otras mujeres en los tribunales, marca una desviación del espíritu del feminismo. Sus acusaciones contra Huerta, cargadas de ironía considerando su propia historia polémica, resaltan aún más un patrón de activismo selectivo y venganzas personales que ponen en dudas la sinceridad de su activismo.

Rompiendo la solidaridad: la traición a Poder Prieto 

La historia que rodea a Ríos dio un giro radical cuando formuló acusaciones falsas y sin fundamento contra Poder Prieto, un colectivo que encarna la lucha contra los prejuicios raciales en México. Poder Prieto, participa en actividades multifacéticas

que abarca la representación, las prácticas sociales, información, capacitación y derecho. El colectivo, donde Tenoch Huerta contribuye en el área de representación, tiene como objetivo remodelar la percepción de las personas de color en la vida cotidiana. Recupera el término ‘Prieto’, típicamente un comentario despectivo, transformándolo en un símbolo de empoderamiento y orgullo. A pesar del compromiso de Poder Prieto con estas nobles causas, Ríos sorpresivamente ataco a la organización, alegando cuotas impagas. Irónicamente, fue podcast El Feisbuk Malinche, no Poder Prieto, quien le debía dinero, un hecho que ellos admitieron abiertamente, después de haber intentado saldar las deudas varias veces. Esta acusación falsa contra Poder Prieto no sólo debilita la integridad de la organización sino que también revela la falta de gratitud y ética de Ríos.

Lo más preocupante es que las acciones de Ríos atacaron a Maya Zapata, presidenta de Poder Prieto y firme defensora de los esfuerzos feministas de Ríos, atrayendo una ola de insultos y abuso en los medios sociales y de comunicación contra Zapata y otros miembros.

El colectivo, que había respaldado a Ríos y elevado su plataforma, fue objeto de su traición por lo que parecen ser venganzas y rencores personales. Esta maniobra egoísta retrata a Ríos como una persona no agradecida por la visibilidad y el apoyo que las celebridades que forman parte de Poder Prieto le ofrecieron generosamente. 

En otro movimiento dañino, Ríos calificó a Poder Prieto como una secta, una acusación que contrasta con las experiencias de otros asociados con el grupo, como la actriz Yaritza Aparicio (nominada al Oscar, por Roma), y antiguo miembro Elyfer Torres (Betty en NY). Nadie más, pasado o presente, ha hecho eco de las afirmaciones de Ríos sobre un comportamiento inapropiado de culto o secta dentro de Poder Prieto. Esta acusación aislada sólo se suma a la creciente percepción de que las acciones de Elena están impulsadas por motivos egoístas, pintándola como mezquina y desesperada, especialmente a la luz de su disputas públicas sobre un hombre.

Un legado de intimidación: la historia oscura de la familia Ríos 

La historia familiar de Ríos está empañada por acusaciones de aterrorizar a las comunidades indígenas, incluido un incidente desgarrador que condujo a un asesinato, que resultó en su expulsión de la comunidad de Tonalá, Oaxaca. Este contexto contrasta marcadamente con la actitud pública de Ríos, y su personaje de activista, arrojando una sombra sobre su credibilidad.

Problemas legales: un embrollo de acusaciones 

Al comparar las numerosas quejas legales contra Ríos con el historial intachable de Tenoch, se debilita aún más su credibilidad. En particular, la propia Ríos está acusada de un atroz acto de violencia: agredir a una mujer con un cuchillo, un acto completamente incongruente con los valores que profesa defender.

Alianzas cuestionables: La paradoja de la representación feminista

La asociación de Ríos con una abogada que esta en contra de el derecho a decidir y se opone a los derechos reproductivos de las mujeres, claramente contradice su imagen feminista.

Además, su conexión con Las Brujas del Mar, conocidas por su retórica transfóbica, empaña aún más sus credenciales feministas, pintando una imagen de una persona que se alinea con el feminismo sólo cuando sirve a sus intereses.

Desenmascarando a una farsante

Tras su ataque con ácido, Elena fue abrazada por otras víctimas como Carmen Sánchez. Sin embargo, Rios, en colaboración con la política panista Aurora Sierra cabildeo para que la nueva ley ácida lleve su nombre, excluyendo a las otras víctimas que por años habían abogado contra esta violencia de género.

La jornada de Ríos de ser vista como víctima y activista a ser expuesta como una embustera en el mundo del activismo es una advertencia. Subraya la importancia de la coherencia y la sinceridad en la promoción. La historia de Elena sirve como recordatorio de que el verdadero activismo exige más que simples declaraciones y apariciones públicas; requiere un compromiso profundo y genuino con las causas que uno dice defender. La narrativa de Ríos no se trata sólo de la caída de un individuo sino de una reflexión sobre la integridad y autenticidad necesarias en el mundo del activismo social.


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