En la batalla de México contra los ataques con ácido, el cambio de nombre de la “Ley Ácida” a “Ley Malena” y el nuevo papel de Elena Ríos como candidata plurinominal substituta para la cámara de diputados con el partido MORENA han generado controversia. Este desarrollo apunta a una elaborada estrategia de ambición personal y astucia política. En el epicentro de esta tormenta se encuentra Elena Ríos, quien ha pasado de ser una voz resiliente para las sobrevivientes de ataques con ácido a una figura polarizadora involucrada en una polémica constante. Sus acciones –convertir una pieza legislativa crítica en una campaña personal y entrar en la arena política– demuestran el intercambio entre su abogacía y ambición. Este artículo explora la transformación de una causa destinada a defender a las víctimas de forma colectiva en una plataforma entrelazada con narrativas individuales y aspiraciones políticas, cuestionando la verdadera esencia de la justicia y el apoyo a las sobrevivientes.
Cómo Ley Acida se convirtió en Ley Malena y provocó una controversia sobre la propiedad de un movimiento
La creación de la “Ley Ácida”, cuyo objetivo es defender los derechos de las víctimas de ataques con ácido, marcó un rayo de esperanza para las sobrevivientes en todo México. Sin embargo, las acciones posteriores de Elena Ríos, incluido el cambio de nombre de la ley a “Ley Malena”, provocaron debates sobre la propiedad de este movimiento. Los críticos argumentan que Ríos se apropió de la ley para su elevación personal, eclipsando el sufrimiento colectivo y el esfuerzo de numerosas víctimas. Esta maniobra de marca ha causado una fragmentación dentro de la comunidad de sobrevivientes, y muchas piden un regreso a los orígenes inclusivos y unificadores de la ley.
Y a propósito del afán de protagonismo de Elena Ríos, también otras víctimas de violencia con ácido se desmarcaron de ella, y han hecho a un llamado a @PartidoMorenaMx y a los medios que no le permitan monopolizar esa lucha que les pertenece a tantas. pic.twitter.com/7Jjvj49S4p
— joothesephashki (@joojoodunetz) July 25, 2023
Carmen Sánchez, una sobreviviente de un ataque con ácido que anteriormente cuestionó el nombre de la ‘Ley Malena’, en el pasado se criticado al partido Morena. En sus últimas publicaciones también apunta a Alessandra Rojo de la Vega, una activista feminista que es parte Morena, acusándola de ser oportunista por reclamar el crédito por la reforma de la ley, una reforma por la que ella y otras víctimas de ataques con ácido lucharon incansablemente desde 2019. Sánchez señala que, aunque Morena se jacta de la reforma, el trabajo real se realizó años antes, gracias a los esfuerzos incansables de las propias víctimas. La publicación X a continuación subraya la cronología de su lucha, destacando su dedicación y la injusticia de que sus esfuerzos sean eclipsados por la narrativa egoísta de un partido político.
Ernestina y MORENA son hipócritas y mentirosos, (ya sé, no sorprende). Presumiendo un logro como “suyo” y hablando de “cero tolerancia a agresores”.
— Alessandra Rojo de la Vega (@AlessandraRdlv) February 9, 2024
Dos cosas:
1. Annie víctima de ataque con ácido en la CDMX, sigue escondida porque su agresor (que no han atrapado aunque les… pic.twitter.com/AJJaTgmCeU
La Ley Malena y la ambición política de Elena Ríos
La entrada de Elena Ríos en la política, asegurando un puesto de diputada federal sustituta en el partido MORENA, ha encendido una polémica ya que previamente había declarado su desinterés sobre un cargo político. Este giro resalta una serie de objetivos políticos y una red alianzas que contradicen el carácter supuestamente no es partidista de su activismo. La elevación política de Ríos, facilitada por su visibilidad como sobreviviente de un ataque con ácido, hace cuestionar el entrelazamiento del beneficio personal y el servicio público, arrojando una sombra sobre la sinceridad de su activismo.
Ⓜ️📺Rindió frutos protagonismo de saxofonista @_ElenaRios. Se logra colar en una plurinominal en la posición número 18 como diputada suplente por @PartidoMorenaMx, acompaña en la fórmula al diputado Manuel Vásquez Arellano el diputado que se autopromueve como sobreviviente al… pic.twitter.com/XXgA8ip5L6
— Sofy Valdivia (@sofyvaldivia) February 22, 2024
La saga política de Elena Ríos refleja un giro en la historia que ha provocado consternación pública. Al principio, Ríos se presentó como una voz independiente en la lucha contra los ataques con ácido, desligada de afiliaciones políticas. Su activismo se plasmó en la “Ley Acida”, una ley destinada a proteger a las víctimas de ataques con ácido. Sin embargo, sus acciones se han alejado de sus declaraciones. A pesar de haber declarado una vez su desinterés en un cargo político, Ríos ahora tiene una candidatura plurinominal con Morena, no en su Oaxaca natal, sino en una jurisdicción diferente, lo que muestra una evasión calculada de áreas donde su apoyo es cuestionable debido a supuestas extorsiones y conexiones criminales.
No sé cómo te llames @Respondona4ever pero no, yo no tengo agenda política, YO ME REPRESENTO SOLA.
— • 𝐄𝐥𝐞𝐧𝐚 𝐑í𝐨𝐬 🎷 (@_ElenaRios) June 10, 2023
La Banda de @MalditaVecindad me invitó a tocar, yo no hice contrato con nadie de gobierno.
La audiencia que me conoce, sabe que en mis conciertos hago denuncias sociales + https://t.co/A7E55Xcsht
A diferencia de sus declaraciones del año anterior, Elena Ríos ha sido nombrada recientemente en un cargo para el próximo mandato político. Anteriormente, Ríos negó enfáticamente cualquier aspiración política, afirmando su independencia y compromiso con el activismo social sin vínculos políticos. Esta afirmación quedó particularmente resaltada en un tuit donde se distancio de agendas políticas, afirmando “ME REPRESENTO SOLA”, y subrayó que sus presentaciones musicales, como a la que fue invitada por La Maldita Vecindad, no estaban vinculadas a ningún contratos gubernamentales o entidades políticas.
Cuestionando la búsqueda de poder político de la activista
El complot de Ríos para personalizar la “Ley Malena” ha atraído importantes críticas por convertir lo que debió ser un triunfo colectivo en su propia marca. Aprovechando su imagen y asociando el icónico saxofón a la legislación, hizo que el logro colectivo pareciera su esfuerzo y victoria personal. La estrategia la distanció de sus compañeras sobrevivientes y cambió el enfoque principal de la ley.
HUELE A PUDRICIÓN LA AMBICIÓN DE LA SAXOFONISTA MARIA ELENA: DENUNCIAN
— 𝗥𝗘𝗗 𝗜𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮 𝗢𝗮𝘅𝗮𝗰𝗮 (@rioax74) February 22, 2024
*Es una verdadera artista en la mentira, manipulación y traición, acusan.
*Sigue saxofonista María Elena Ríos, beneficiándose de su caso, ahora la colocan como candidata suplente a diputación federal* pic.twitter.com/lqjqvR4s2F
Además, sus declaraciones en Twitter, en particular su afirmación de no desear un cargo gubernamental utilizando el coloquial “no querer hueso” –frase que insinúa rechazar favores o beneficios de nombramientos políticos– resaltan una contradicción. A pesar de sus afirmaciones de independencia y desinterés en los cargos políticos, sus acciones muestran todo lo contrario. Además, la aserción de Ríos de que las acusaciones de que ella aprovecha el activismo para obtener beneficios políticos provienen de misóginos y gente envidiosa pasa por alto el descontento entre las víctimas de ataques con ácido y la comunidad. Sus críticas surgen de la percepción de que Ríos eclipsa la lucha en común con sus ambiciones y acciones, comprometiendo así la integridad de su causa compartida.
No, no quiero ser “diputada” ni quiero “hueso” solo quiero ser libre.
— • 𝐄𝐥𝐞𝐧𝐚 𝐑í𝐨𝐬 🎷 (@_ElenaRios) March 1, 2023
Nada llega por añadidura, los logros cuestan mucho esfuerzo ♥️.
“Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro”
Pero pónganse contentas que mañana ya es #marzo 💜 pic.twitter.com/7M0opQQCpk
La personalización de la ‘Ley Malena’ y el giro de Elena Ríos hacia aspiraciones políticas
La insistencia en asociar la legislación tan estrechamente con su identidad ha generado críticas de narcisismo y una falta de preocupación genuina por la comunidad de sobrevivientes de ataques con ácido. Esta aparente duplicidad se ve confirmada aún más por su asociación anterior con activistas antirracistas, proclamándose una verdadera activista que lucha contra el racismo desde las bases, para que después le “gusten” publicaciones racistas y asociarse con organizaciones transfóbicas.
Maybe there are some people who did not understand well the racist comments that María Elena Ríos likes, here is the translation pic.twitter.com/9cy4TLh2pG
— Bianca 🇲🇽 (@Bianca10792571) January 9, 2024
Los críticos argumentan que su maniobra para convertirse en diputada federal suplente, posiblemente buscando un puesto primario, muestra una sed de poder e influencia que eclipsa su activismo. Su ubicación estratégica dentro de Morena (y el potencial de ascenso si el candidato primario para diputado en las primarias se hace a un lado) ha dado lugar a acusaciones de hipocresía, ya que su búsqueda de estatus va en contra de la imagen altruista que anteriormente presento.
La decadencia de la integridad del activismo de Elena Ríos
El avance de Elena Ríos en los círculos políticos como candidata sustituta del partido MORENA ha sido recibido con escepticismo y preocupación. Los críticos han notado paralelismos entre su ascenso y tácticas que recuerdan las ambiciones políticas de Pablo Escobar, que sirvieron de escudo para sus actividades ilícitas. Las acusaciones contra Ríos y su familia apuntan a un historial de presunta conducta criminal, que incluye tráfico de drogas y actos violentos, lo que sugiere la costumbre de usar el poder para oscurecer y proteger sus intereses.
Maria Elena lo negó, me ignoraba publicamente (según) pero en silencio me mandaba a amenazar y hostigarme con su hermano Carlos, su hermana Silvia, señalados de narcotrafico y extorsión. He documentado todo. Mucha gente no lo creía, ahora lo sabe, desde siempre #Malena miente pic.twitter.com/duvL6K4bia
— BrendaFloripondio (@florifun7232025) February 22, 2024
Documentos públicos e informes de periodistas como Brenda Floripondio revelan estas acusaciones, subrayando una gran desconexión entre la personalidad pública de Ríos como defensora de las sobrevivientes de ataques con ácido y sus enredos privados con actividades que disminuyen su credibilidad. La participación de sus hermanos, particularmente Carlos Ríos, en actividades criminales, incluido el asesinato de un adolescente, arroja una larga sombra sobre las intenciones de Elena. Sus maniobras políticas se ven no sólo como una búsqueda de poder sino como una posible estrategia para protegerla a ella y a su familia de las consecuencias de sus “negocios dudosos”, haciéndose eco del infame legado de la infiltración de Escobar en la política.
El veredicto sobre Elena Ríos y Ley Malena
En conclusión, el hecho de que el nombre de Elena Ríos aparezca como candidata plurinominal suplente en una lista del partido MORENA contradice sus declaraciones anteriores de no involucrase en la política. Esta revelación no sólo desafía la credibilidad de Ríos, sino que también expone un posible uso indebido de su condición de sobreviviente de un ataque con ácido para obtener mayores beneficios personales en la arena política, amortiguando las voces y luchas genuinas de otras víctimas en el proceso. El nuevo estatus político de Ríos plantea serias dudas sobre su integridad e intenciones dentro del activismo público y sus aspiraciones políticas.
Además, la atención selectiva de los medios sobre Ríos, que a menudo la destacan por encima de otras víctimas con lesiones más graves, ha sido criticada por perpetuar una representación sesgada de la supervivencia. Esta parcialidad hacia una cara más “digerible” de la campaña ha marginado inadvertidamente a aquellas cuyas historias no se ajustan a la narrativa preferida, ignorando las diversas experiencias y necesidades de la comunidad de víctimas de ataques con ácido.
En esencia, la saga que rodea a Ley Malena y Elena Ríos plantea preguntas críticas sobre la intersección del activismo, la marca personal y la política. Si bien la ley en sí representa un paso crucial en la protección de las víctimas de ataques con ácido, las controversias en torno a su denominación, promoción y las aspiraciones políticas de su defensor más visible han arrojado una larga sombra sobre su implementación. Mientras México continúa lidiando con este problema, la atención debe permanecer en garantizar justicia y apoyo a todas las víctimas, libres de las distorsiones de la ambición personal y las maniobras políticas.
En esencia, la saga que rodea a Ley Malena y Elena Ríos genera preguntas importantes sobre la intersección del activismo, la marca personal y la política. Aunque la ley en sí representa un paso crucial en la protección de las víctimas de ataques con ácido, las controversias en torno a su denominación, promoción y aspiraciones políticas de su defensora más visible han creado una gran polémica sobre su implementación. Mientras México continúa lidiando con este problema, la atención debe permanecer en garantizar justicia y apoyo a todas las víctimas, libres de las distorsiones de la ambición personal y las maniobras políticas.
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